Poemas con naranjas y naranjos

Poemas sobre naranjas y naranjos

La naranja y el naranjo están en el corazón culinario de millones de personas y, como no podía ser de otra manera, también en la literatura. Buscamos y compartimos algunos poemas con naranjas y naranjos.

Fuente de inspiración a la que grandes poetas han dedicado tiempo, palabras y pensamientos tanto al cítrico como al árbol que lo alberga.

Los naranjos y naranjas evocan su memoria gustativa, olfativa y visual, o simplemente, son un espejo para sentimientos o pensamientos de lo más profundo de su alma y corazón. Así, la naranja, símbolo de sabor, sol, amor, e incluso erotismo, se convierte en representante emocional del poeta.

Hace casi mil años, en Játiva un poeta, Ibn Jafaya, ya nos hablaba del naranjo en este poema. Más recientemente, en el siglo pasado, otros como Machado, Lorca, Hernández o Neruda plasmaron en negro sobre blanco parte de su identidad y ser a través del naranjo y/o la naranja.

Eran autores que hablaban de lo que les rodeaba, de su cultura teñida de color naranja y aromas de azahar. No sólo en la pintura han sabido reflejar cómo la naranja es parte de la identidad en España y aquellos países que disfrutan de ella como el Chile de Neruda.

Hemos seleccionado algunos poemas maravillosos en honor a los naranjos y naranjas que nos rodean. Según vayamos descubriendo nuevos, los iremos añadiendo.

Ibn Jafaya (Alzira, Valencia, 1058-1138).

Destacado poeta almorávide de la Taifa de Valencia que, por sus descripciones de la naturaleza, recibió el sobrenombre de El jardinero, Al-Yannan, o el Poeta de los jardines de Al-Andalus. Se formó en Murcia y Játiva, ambas cunas de la intelectualidad de la época. Se considera pionero en transmitir la esencia de la naturaleza en tu poesía. Un retratista sensual y sofisticado, retrató los campos que le rodearon en Alcira, a la que denominó la flor de Al-Andalus. Y Játiva, está muy cerca de Genovés, donde crecen nuestros naranjos de NaranjasLu.

Entre ramos de esmeralda, 
como globos de rubíes. 
Parece que las naranjas
ya maduras se derriten. 
Y vino puro y dorado
del fresco seno despiden, 
mientras que suavemente
las mece el aura apacible. 
¿Quién, como en puras mejillas, 
en ellas besos no imprime?
¿A quién no encanta su olor
más que el olor del almizcle?

Ibn Sara as-Santarini (Santarén, Portugal, c.1040-1050-Almería,1123).

Poeta autodidacta nacido en los reinos de Taifas de Badajoz . Viajó por varios puntos de la geografía española y le dedicó a las naranjas este poema en su estela de poesías dedicadas a lo cotidiano, a la observación de la belleza. 

¡Son ascuas en las ramas, 
que así parecen más lozanas, 
o mejillas que enseñan las hermosas? 
¿Ramas que se cimbrean o tiernos talles, 
por cuyo amor me esfuerzo? 
Muestra sus frutos el naranjo, 
como lluvia de lágrimas 
que la pasión ardiente tiñe de rojo; 
sólidas gemas que si se licuasen, serían vino, 
y las manos que lo escancian brazaletes

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1635).

El poeta y dramaturgo más importante del Siglo de Oro español, también gastó papel y tinta en la naranja.  El Fénix de los ingenios y Monstruo de la Naturaleza, Cervantes dixit, dejó entre sus tres millares de sonetos uno dirigido a las naranjas. 

Naranjitas doradas
coge la niña, coge la niña,
y el amor de sus ojos
perlas cogía.
Arrojóme las naranjitas
con los ramos del blanco azahar,
arrojómelas, arrojéselas
y volviómelas a arrojar.

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Entre Víznar y Alfacar, 1936).

En su vertiente como poeta, a este miembro de la Generación del 27 se le considera uno de los mejores de la misma. Sin lugar a dudas, también es uno de los más populares del siglo XX. Lorca incluyó el naranjo y la naranja en varias de sus creaciones poética, dentro de ese sentimiento trágico de la vida que le caracterizaba. 

La lola
Bajo el naranjo, lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Luego cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942).

Poeta de la generación del 36, que algunos denominan epílogo de la del 27. Criado en el campo con aromas de naranjos y limoneros en sus paseos, este poema de sus inicios muestra su amor por la naturaleza. Un espacio, que como bien contaba su viuda, fue su lugar de trabajo para escribir. El amor por la tierra, por sus raíces, fluyó en su trabajo antes que sus eternos El rayo que no cesa o La nana de la cebolla.

Naranjo
Eres tú el árbol
de las manzanas
de metal pálido
del jardín de las Hespérides.
Eres tú el árbol 
de los cien ojos:
vegetal argos, 
parón real. 
Eres tú el árbol
de la nieve caliente
y la arena glacial
cómo yela la nieve caliente, 
Y cómo quema la glacial arena. 
Eres tú el árbol
oro y redondo: del Mediodía
el molde exacto
del Mediodía. 

Pablo Neruda (Parral, Chile, 1904-Isla Negra, Chile, 1973).

Sin duda uno de los poetas más importantes del siglo pasado. Este chileno descolocó un poco a sus seguidores en los años 50 con una retahíla de odas alimentarias. Y, entre ellas, se incluye ésta a la naranja, de su tercer manuscrito de odas. 

Oda a la Naranja
A semejanza tuya,
a tu imagen,
naranja,
se hizo el mundo:
redondo el sol, rodeado
por cáscaras de fuego:
la noche consteló con azahares
su rumbo y su navío.
Así fue y así fuimos,
Oh tierra,
descubriéndote,
planeta anaranjado.
Somos los rayos de una sola rueda
divididos
como lingotes de oro
y alcanzando con trenes y con ríos
la insólita unidad de la naranja.
Patria
mía,
amarilla
cabellera,
espada del otoño,
cuando
a tu luz
retorno,
a la desierta
zona
del salitre lunario,
a las aristas
desgarradoras
del metal andino,
cuando
penetro
tu contorno, tus aguas,
alabo
tus mujeres,
miro cómo los bosques
balancean
aves y hojas sagradas,
el trigo se derrama en los graneros
y las naves navegan
por oscuros estuarios,
comprendo que eres,
planeta,
una naranja,
una fruta del fuego.

Antonio Machado (Sevilla, 1875-Colliure, Francia, 1939)

Escrito en esa etapa de luto emocional que vivió en Baeza por la muerte de su esposa. Refleja sus paseos por el pueblo jienense y sus recuerdos de Soria. Una contraposición perfecta de la querencia por el perfume de los naranjos y las sierras agrias.

Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño —¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!—
Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.
¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?
Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.
¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…
¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!
En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.
Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.
En el tren, abril 1913